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Historia y cultura


El patrimonio histórico de Menorca constituye un elemento esencial de la Reserva de Biosfera pues es el resultado de la relación del hombre con su entorno natural.

Prehistoria
Los primeros datos científicos que corroboran la presencia de comunidades humanas permanentes en Menorca deben situarse alrededor del 2100 a.C. Desde estas primeras comunidades hasta la llegada de los romanos en 123 a. C., la Prehistoria insular discurre por diferentes fases de las que nos han perdurado monumentales edificios. Uno de los monumentos emblemáticos de la prehistoria insular, exclusiva de Menorca, son las navetas, construcciones funerarias colectivas, que podían contener hasta cien individuos inhumados junto a sus ajuares, como en la de es Tudons (Ciutadella) con restos datados principalmente en el siglo IX a.C.
Hacia el 1000 a.C. es muy probable que empezaran a construirse los primeros talaiots, torres troncocónicas de piedras en seco que forman parte indisoluble del paisaje menorquín y que tuvieron su apogeo entre el 900 y el 700 a.C. aproximadamente. Desde ellos el dominio visual del territorio circundante es absoluto, y, muy probablemente, ésta fue su función principal, además de la de actuar como referente de la cohesión social de la comunidad que vivía a su alrededor y, como referente o hito de esa comunidad en el territorio y su correspondiente ámbito de explotación. En esta época, denominada Talaiótico, se iniciaron las excavaciones de cuevas funerarias en las paredes de los acantilados de calas y barrancos como el de Calescoves (Alaior). Las más antiguas tienen la planta circular u ovalada de pequeñas dimensiones y se localizan en sitios elevados de difícil acceso.
A partir aproximadamente del 650 a.C. se inicia una nueva fase cultural, denominada Posttalaiótico, que está marcada por el abandono de la construcción de los talaiots y el inicio de la construcción del que es el edificio más especial de Menorca: los santuarios de taula. Este edificio es estrictamente original de la isla de Menorca, y no hay paralelos formales exactos en ningún otro lugar del mundo. En estos recintos, de planta en forma de herradura y fachada cóncava, se practicaban rituales relacionados con la fecundidad de la tierra y de las personas, efectuándose el sacrificio de distintos animales domésticos, libaciones con vino y rotura simbólica de los recipientes que lo contenían (ánforas), coincidiendo con el final del ciclo agrario anual, hacia finales de junio. La presencia del fuego como elemento ritual y simbólico es constante en estos monumentos.
En los poblados, en este período próximo a la conquista romana, se construyeron las casas circulares, edificios que albergaban las familias y sus actividades domésticas y cotidianas (cocinar, tejer, elaborar queso, moler, etc.) en una área aproximada de espacio útil de 75 a 79 m2. La más monumental hasta el momento, es la conocida con el nombre de Círculo Cartailhac en el poblado de Torre d’en Galmés (Alaior), fechada en el siglo II a.C., que aúna todas sus características tipológicas: patio central, habitaciones con puertas de cierre, hogar, despensa, todo ello construido con los elementos pétreos de mayor tamaño del poblado y una cubierta de troncos de madera, tierra y piedras pequeñas. No ocurre lo mismo con el edificio anexo a las casas, en uno de sus laterales, conocidos con el nombre de sala hipóstila por tener precisamente una cubierta de grandes losas de piedras que se entrecruzan entre sí, siendo soportadas por columnas y cuya función era la de almacén.
Durante toda la Prehistoria, los isleños fabricaron sus cerámicas a mano con hornos rudimentarios, fabricaron también algunas herramientas o instrumentos de bronce con crisoles y moldes de fundición, no utilizaron la moneda para sus intercambios comerciales, no dejaron ninguna muestra gráfica ni pictórica, no apreciaron ni el oro ni la plata pues sus objetos más valiosos son de bronce y de hierro. Sin embargo, no estuvieron aislados del todo porque tuvieron importantes contactos comerciales, con Centroeuropa en la época más antigua y luego con las ciudades comerciales del Mediterráneo.

Historia antigua
Cayo Quinto Cecilio Metello, en el 123 a.C. conquistó las Baleares y en un primer período los asentamientos romanos Iamo (Ciutadella), Mago (Maó) y Sanicera (Sanitja) tuvieron un carácter marcadamente militar como puede verse en los restos del campamento junto al puerto de Sanitja (es Mercadal), y en los poblados talaióticos siguió viviendo la población indígena hasta que en el año 73 d.C. el emperador Vespasiano concedió el derecho latino a Iamo y Mago que adquirieron el título de municipio, indicando que el proceso de romanización, ya se había consolidado y lo que llamamos la pre-historia había finalizado.
En el año 454 la isla fue conquistada por los vándalos manteniendo relaciones con el norte de África y en el 535 lo fue por el Imperio Bizantino. Durante las dominaciones vándala y bizantina se construyeron las basílicas paleocristianas del primer cristianismo insular constituyendo un conjunto que destaca en la arqueología del Mediterráneo occidental por su cantidad, cualidad y localización próxima a la costa. Se han conservado restos de cuatro: Son Bou, Cap des Port, Illa del Rei y Fornás de Torelló y se tienen datos de dos más: Illa d’en Colom y Ciutadella. Su cronología abraza entre finales del siglo V y el siglo VI.

Época medieval
Hacia el año 707 se conoce una primera incursión de musulmanes en Menorca pero no será hasta el año 903 cuando se incorporará al Califato de Córdoba continuando en la órbita del estado islámico hasta la conquista de Alfonso el Liberal en 1287. El estado islámico tenía su sede político-religiosa en la capital, Medina Minurqa (la actual Ciutadella) conocida a través de la arqueología urbana de la última década. Fue importante la explotación agraria organizada en alquerías y rafales cuya actividad económica principal era la ganadería y la agricultura en el interior de los barrancos. El principal testimonio que ha perdurado es el Castillo de Sent Agayz (Ferreries). También son restos importantes: la organización del cultivo a partir de las fuentes naturales en los barrancos, parte del minarete de la mezquita de Ciutadella en lo que ahora es el campanario de la catedral de Menorca y los abundantes restos, aún por investigar, en los poblados talaióticos.
La capitulación de Abu Umar en Sent Agayz, significó la aniquilación de toda la población islámica que fue vendida como esclavos y la llegada de nueva población procedente del reino de Aragón. En 1298 las disputas dinásticas se resolvieron de manera que Menorca se incorporó al reino de Mallorca bajo el reinado de Jaume II que fundó Alaior y legisló tres documentos que fueron el fundamento del ordenamiento jurídico insular: la Carta de franquesa (referida a la organización política), el Pariatge (a la organización eclesiástica) y el convenio que regula las caballerías y el repartimiento de tierras. La nueva población encauzó su economía en la siembra de cereales de secano aunque la ganadería seguía siendo un recurso muy importante. A mediados del siglo XIV se inicia una época marcada por las malas cosechas, epidemias mortales como la de la peste negra en 1348, y las crueles guerras entre las monarquías para mantener su hegemonía.

Época moderna
La época moderna se inicia con dos acontecimientos durísimos para las poblaciones de Ciutadella y Maó causados por la lucha entre la monarquía hispánica (Carlos V) y el Imperio otomano por el dominio del Mediterráneo. En 1535 se produjo el ataque del turco Barbaroja a Maó y en julio de 1558, el de Mustafá Pialí a Ciutadella que quedó destruida. A consecuencia de ello la corona inició la fortificación de las islas mandando al ingeniero italiano Joan B. Calvi que en Menorca se inició con la construcción del castillo de San Felipe (lo que hoy es su reducto central), y el refuerzo de las antiguas murallas medievales de Ciutadella y Maó con bastiones para albergar la artillería. También se construyen torres por los propietarios rurales que las utilizan como refugio de la población ante los ataques de piratas y corsarios.
En el siglo XVII los turcos ya no serán el peligro sino las potencias enemigas de España: Francia, Inglaterra y Holanda.
En el último tercio del siglo, se inició la recuperación económica y demográfica con la producción de trigo, huerta y viña que se intensificaron reflejándose en el comercio. Se llegó a exportar cereales de los que la isla había sido deficitaria en siglos anteriores y se continuó exportando lana, queso, pieles, embutidos, miel, carne salada, alcaparras, ganado y algunos tejidos de lana. El puerto de Maó se convierte en una plaza militar estratégica donde recalan armadas y navíos mercantes de gran tonelaje procedentes del Atlántico. De esta época son importantes edificios que han perdurado hasta nuestros días configurando los centros históricos de las ciudades: las casas señoriales de Ciutadella, los conventos de el Toro en es Mercadal, San Diego en Alaior, Socorro en Ciutadella y San Francisco en Maó.

El siglo XVIII
Se inicia el siglo XVIII con un conflicto bélico ocasionado por la muerte del rey de España, Carlos II, sin descendencia directa, nombrando heredero en su testamento a Felipe d’Anjou, nieto de Luís XIV. Las potencias enemigas de Francia (Inglaterra, Holanda y el Imperio Austro-húngaro) no aceptaron al heredero y apoyaron al Archiduque Carlos estallando en 1702 la llamada Guerra de Sucesión. En Menorca, también se produjo la división. La mayoría (el clero y el pueblo llano) era austracista; los militares y oficiales reales eran borbones y la nobleza tuvo partidarios de ambos.
En 1713, se firmaba la paz con el tratado de Utrecht, por el cual España cedía Menorca y Gibraltar a Gran Bretaña y Felipe V se proclamaba rey de España. Se inicia un siglo complicado que transcurre bajo diferentes reinados: 1712 – 1756 Primer período británico, 1756 – 1763 Período francés (Guerra de los 7 años), 1763 – 1782 Segundo período británico, 1782 – 1798 Período español y 1798 – 1802 Tercer período británico, Paz de Amiens, y regreso definitivo a la corona española.
El legado británico es notable y ha perdurado hasta nuestros días: desde las ingeniosas ventanas de guillotina hasta las 11 torres de defensa de finales de siglo. Hay otras herencias importantes: la trama urbana y los edificios principales de la ciudad des Castell (Georgetown), el Camí d’en Kane primera carretera moderna que unía la fortificación de San Felipe con Ciutadella, la ampliación del fuerte de San Felipe siguiendo la planta en forma de estrella y sus galerías subterráneas, las atarazanas y arsenal de la Base naval, el hospital de la Isla del Rey, la desecación de la Colàrsega del puerto de Maó (lo que hoy son los mejores huertos cerca de la ciudad en Sant Joan), el aljibe des Mercadal, el castillo de San Antonio de Fornells, algunas variedades de frutas y pastos como la zulla, palabras de uso cotidiano, etc. Muchas aportaciones a la cultura insular que fueron introducidas en la isla sobre todo para facilitar la estancia y aprovisionamiento de las flotas que recalaban en el puerto y garantizar la defensa frente al enemigo. La franquicia comercial establecida por el gobierno británico atrajo comerciantes extranjeros que se establecieron en Maó, como los griegos, que llegaron a formar una comunidad importante que construyo su iglesia ortodoxa en el Cos, (hoy parroquia de la Concepción). Del corto período francés también tenemos un importante legado: la fundación del pueblo de Sant Lluís (1760) en honor a su rey.
Los cambios del siglo XVIII consolidaron dos ciudades social y económicamente diferentes: Ciutadella con nobles, campesinos y el obispado y, Maó con burgueses, comerciantes, militares y funcionarios. Los diferentes estilos arquitectónicos de cada una de ellas que hoy podemos observar son el reflejo de esta base socioeconómica.
En el puerto de Maó se había iniciado en 1786 la construcción del Lazareto, por orden del rey ilustrado, Carlos III, con el objetivo de controlar la llegada de la peste bubónica a través de los barcos mercantes procedentes de Oriente y el norte de África donde esta enfermedad ocasionaba constantes epidemias. Fue el primer lugar de España donde se obligaba a pasar la cuarentena. Con anterioridad, el gobierno británico había construido un pequeño recinto en la isla de la Cuarentena que en el siglo XIX se usó sólo en épocas de mucha aglomeración en el puerto.

El siglo XIX
El siglo XIX se inicia con la guerra contra la expansión de la Francia napoleónica y el retorno de Menorca a la corona española que trajo los cambios instaurados por el nuevo gobierno. Éstos no fueron aceptados por la población que manifestó su descontento en la revuelta de 1810. La corona necesitaba soldados para la guerra y se impuso el servicio militar obligatorio y la abolición de la franquicia comercial. La revuelta fue sofocada, sus líderes procesados y los municipios fuertemente multados. Mientras, el gobierno dejaba que en el puerto de Maó volviera a recalar la flota británica dirigida por el general Collingwood. En Maó, la clase burguesa iba consolidando su hegemonía social hasta llegar a construir, siguiendo los esquemas constructivos italianos, un teatro para la ópera en 1829, el Teatro Principal, uno de los primeros de España donde se escenificaron las más importantes óperas de la época.
Desde la demolición de San Felipe, el puerto de Maó había quedado sólo defendido por las cuatro torres de defensa construidas justo a principios de siglo por el gobierno británico, por lo que el gobierno de Isabel II, decidió la construcción de la fortaleza de la Mola lo que implicó un impulso económico y la llegada de nuevos militares así como la visita real en 1860.
A mediados de siglo la explotación de la tierra (cultivo de cereales y ganado ovino aunque cada vez más vacuno) seguía siendo el modo de subsistencia de gran parte de la población pero en este momento, se inician nuevas actividades de tipo industrial con la fabricación de calzado, de tela de algodón y de algunos alimentos.

El siglo XX
El siglo XX se inicia con la crisis que la pérdida de las colonias americanas (Cuba y Filipinas) provocó en la economía insular. Sin embargo hasta la guerra civil la industria i el comercio insular se defendieron cambiando de mercados (Europa) y adaptando sus productos a las nuevas demandas, en especial, los cambios en la moda del calzado. La clase obrera consolidó su presencia en la sociedad isleña y un movimiento de reivindicación y de carácter ácrata se manifestó con la creación de periódicos, escuelas e iglesias de diferente culto. La guerra civil (1936-39) supuso un fuerte golpe para la sociedad insular que se mantuvo al lado de la República casi hasta el final de la contienda. Aún así, la tradición industrial hizo que se mantuviera una economía diversa apoyada en la industria derivada del sector agrario, la fabricación de calzado y la bisutería de manera que no vivió el gran boom turístico de los años 60, retrasándose éste algunas décadas. 
 
 
Imatges relacionades
 

 
 
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